El ERP ha muerto
Lo que no puedes permitirte es que la coherencia operativa sea aproximada.
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El ERP ha muerto
Por Carlos Liébana.
O eso dicen. Cada cierto tiempo reaparece el titular.
Esta vez acompañado de IA, de vibe coding, de la promesa de que ahora sí vamos a rehacer el software empresarial desde cero. Y es comprensible que genere entusiasmo.
Después de años conviviendo con implementaciones eternas, integraciones frágiles y sistemas que parecen diseñados para resistir al negocio en lugar de impulsarlo, la idea de empezar de nuevo suena casi liberadora.
Quien haya sufrido un bloqueo técnico en plena campaña fuerte sabe de lo que hablo.
Pero hay algo que creo que estamos simplificando demasiado. Una cosa es que cierto tipo de ERP esté agotado. Otra muy distinta es que la estructura transaccional de una empresa sea prescindible.
Lo que está en crisis no es el concepto de ERP. Está en crisis el ERP que no evolucionó.
El que se construyó como un bloque cerrado. El que te obliga a adaptar tu operativa a sus limitaciones. El que convierte cada integración en un proyecto. Ese modelo, sinceramente, tiene poco recorrido en un entorno donde los canales cambian cada año y la complejidad operativa aumenta de forma constante.
Ahora bien, de ahí a pensar que la IA puede sustituir la base procedimental del negocio hay un salto que conviene mirar con calma.
En ecommerce no solo gestionamos experiencias digitales o funnels de conversión. Gestionamos inventario real, margen real, fiscalidad real y trazabilidad real.
Cuando el volumen crece, cualquier incoherencia se multiplica. El stock tiene que cuadrar. El margen por referencia tiene que ser fiable. Las devoluciones afectan a caja. El cierre contable no puede depender de interpretaciones.
Puedes experimentar en recomendación, en pricing dinámico o en predicción de demanda. Eso tiene todo el sentido. Lo que no puedes permitirte es que la coherencia operativa sea aproximada.
En mi experiencia, cuando una empresa empieza a tener problemas estructurales, casi nunca es por falta de inteligencia. Es por falta de arquitectura. He visto compañías crecer en facturación y, sin embargo, no tener una foto clara del margen real por SKU sin recurrir a hojas paralelas. Eso no es un problema de IA. Es un problema de diseño de base.
Lo que realmente está ocurriendo no es una sustitución. Es una separación más clara de funciones.
Una capa que analiza, anticipa y propone. Y otra que ejecuta, registra y garantiza coherencia. La primera puede evolucionar rápido. La segunda necesita ser estable por diseño. Y esa estabilidad, lejos de ser una limitación, es la que protege el negocio cuando la presión aumenta.
Aquí también entra un matiz que no siempre gusta. No todos los modelos operativos son iguales.
Un ERP generalista puede funcionar razonablemente bien para muchos sectores. Pero el ecommerce de producto físico tiene particularidades muy específicas: multialmacén real, sincronización constante con marketplaces, promociones complejas, devoluciones con impacto financiero inmediato, interacción directa entre marketing y margen por referencia.
Cuando el sistema entiende ese contexto desde su concepción, no desde adaptaciones posteriores, la eficiencia cambia de nivel.
La IA va a transformar cómo trabajamos sobre estos sistemas, eso es evidente. Habrá copilotos operativos, alertas predictivas, automatización inteligente y recomendaciones basadas en datos reales. Todo eso es positivo. Pero necesita una base que no falle.
El debate interesante no es si el ERP ha muerto. El debate interesante es si tu arquitectura está preparada para sostener inteligencia sin comprometer coherencia.
Porque cuando el volumen crece y el margen se estrecha, lo que marca la diferencia no es el titular más atractivo. Es la estructura que soporta el negocio cuando las cosas se complican.
Y eso rara vez es visible desde fuera.
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