¡Hola! Esta semana me metí en algunas tiendas online para ver qué están probando en checkout, fichas de producto, fidelización y reventa. Nada de teoría, esto es lo que vi al navegar como usuario.
Vamos con ellas.
(Simpler) MiiN cosmetics mejora el checkout sin cambiar de plataforma.
Meller vende un accesorio sin que salgas de la ficha de producto.
Ecoalf pone el dato de impacto antes que el precio.
Singularu fideliza con un club de candados, no con un pop-up.
Cuyana monta un marketplace de reventa con letra pequeña interesante.
Simpler
Cuando un ecommerce lleva años sobre PrestaShop o Magento, cambios aparentemente sencillos pueden empezar a necesitar demasiado desarrollo. Un nuevo método de pago, otro transportista, una mejora en mobile… Todo entra en un roadmap técnico que ya puede tener otras prioridades.
Y hablamos del checkout, el punto al que el cliente llega cuando prácticamente todo el coste de adquisición ya se ha producido.
El caso de MiiN Cosmetics es interesante. La marca trabaja sobre PrestaShop y su expansión internacional había llevado a algunos mercados a acumular entre más de 30 integraciones independientes alrededor del checkout.
MiiN mantuvo PrestaShop e incorporó Simpler para gestionar el checkout, incluyendo pagos, envíos y otras integraciones. Es precisamente una de las posibilidades que ofrece su tecnología, evolucionar esta parte de la compra manteniendo la plataforma sobre la que funciona el ecommerce.
Según el caso publicado por la compañía, la conversión del checkout aumentó un 17,2% en términos relativos.
El aprendizaje va más allá del dato. Si mejorar conversión empieza a exigir demasiado desarrollo, quizá la primera pregunta no sea a qué plataforma migrar, sino qué parte del ecommerce necesita realmente evolucionar.
Meller
Justo debajo del selector de color, en la ficha de las gafas de sol OBA de Meller, hay un carrusel de cadenas para gafas a 12€ cada una, con su propio selector de color independiente del producto principal.
No es un “también te puede interesar” al final de la página. Está integrado en el mismo bloque de compra, antes del botón de añadir al carrito, así que el upsell se decide en el mismo gesto que la compra principal.
Un accesorio de bajo precio (12€ sobre unas gafas de 49€) ofrecido en el momento de decisión, con su propia variante de color, tiene fricción casi cero.
El cliente ya está en modo “voy a comprar” y el salto de 49€ a 61€ apenas se nota. Es la misma lógica del “¿quiere patatas con eso?” de McDonald’s, resuelta en una interfaz en vez de en una conversación.
Ecoalf
Antes de leer una sola palabra sobre la chaqueta que miro en Ecoalf, ya sé cuánta agua ahorra. 12,78 litros y 1,24 kg de CO2, en dos cifras superpuestas sobre la foto principal del producto.
Ecoalf fue en 2018 la primera empresa de moda en España en certificarse como B Corp, y el dato está calculado por prenda, según los materiales concretos de esa referencia, no como sello genérico de marca.
Lo que de verdad marca la diferencia no es el dato en sí (llevar la cuenta del agua o el CO2 ahorrado ya lo hacen bastantes marcas sostenibles), sino dónde lo ponen. La misma ficha tiene, más abajo, un acordeón cerrado que se llama “Composición e Impacto” con el detalle completo de cada material. Ahí es donde iría este dato en la mayoría de tiendas, y casi nadie lo abre. Ecoalf saca el número más simple de ese acordeón y lo pone encima de la foto, antes de que hayas hecho scroll.
Un dato de impacto solo convence si el cliente lo ve. Enterrarlo en una pestaña desplegable es tratarlo como letra pequeña. Ponerlo sobre la imagen del producto es tratarlo como argumento de venta. Es una decisión de jerarquía visual más que de sostenibilidad.
Singularu
Entro por primera vez, sin cuenta ni compras previas, en el Club de Singularu, marca española de joyería. La página no me vende con un pop-up de “10% de descuento por tu email”. Me enseña una tabla de tres niveles (BASIC, FAN, VIP) con las mismas siete ventajas en cada columna, y en BASIC tres de ellas aparecen en gris, con un candado, hasta que subo de nivel. Cada euro gastado son 100 puntos, y a partir de 50.000 puntos entras en VIP.
El aviso de “descuentos en marcas amigas” no es relleno. Al entrar a mi cuenta del club aparece un código de descuento con una cadena hotelera con la que Singularu tiene acuerdo. El club reparte beneficios propios y también los de socios externos.
Un pop-up de bienvenida se agota en el primer clic. Una tabla con casillas bloqueadas convierte la fidelización en un juego de progreso, donde ves exactamente lo que te falta y por qué te conviene seguir comprando en la misma marca en vez de mirar a la competencia.
Cuyana
Cuyana, la marca americana de bolsos y marroquinería “fewer, better”, tiene su propio marketplace de reventa en un subdominio dedicado, revive.cuyana.com, con tres flujos separados, comprar de segunda mano, vender lo tuyo o donarlo.
Lo relevante es para qué sirve este marketplace en una marca como Cuyana.
Catálogo corto, colecciones que no se reponen, bolsos que se agotan y no vuelven. Sin Revive, el cliente que quiere ese bolso descatalogado en marrón se va a Vinted, a eBay o directamente a otra marca. Con Revive, sigue comprando dentro del ecosistema Cuyana, y la marca encima se queda con parte del margen de esa segunda venta.
Para una marca que compite en “menos referencias, mejor hechas” en lugar de en variedad infinita, el mercado de segunda mano deja de ser un gesto de sostenibilidad de cara a la galería y pasa a ser la respuesta al problema que crea su propio modelo de negocio, qué hacer cuando alguien quiere algo que ya no fabricas.
Ninguna de las cinco marcas inventó algo que no tuviera ya. Simpler saca el checkout a otra capa, Meller mete el accesorio en el mismo bloque de compra, Ecoalf sube el dato de la ficha a la foto, Singularu convierte el descuento en progreso, Cuyana manda el inventario descatalogado a otro canal. La mejora no fue recolocar algo que ya tenían.
¿Qué tienes tú ya construido que solo necesita cambiar de sitio?
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